La Cueva del Druida |
El lugar donde el Druida utiliza el fuego de la hoguera para realizar sus ensalmos y pociones.
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Como estamos en el centenario del Quijote yo utilizo una frase de Shakespeare, para llevar la contraria (a pesar de lo mucho que, como saben los que me conocen, rechazo su tratamiento de ’igual’ frente a Cervantes que siempre han querido darle los británicos). Estos últimos días se está hablado mucho sobre la nueva entrada en vigor de la Ley ’anti-tabaco’ y las consecuencias que tendrá sobre todo a nivel de hostelería (aunque en paises en que ya se está aplicando como Italia o Dinamarca los datos no muestran una variación importante respecto al período de la ’no prohibición’), pero poco sobre como afectará a los propios fumadores. Hoy me ha llamado la atención una noticia en una cadena de televisión privada en la cual explicaban los costes que supone para una persona que quiere dejar de fumar, el intentarlo (porque conseguirlo, ya es otra historia) desde los 17 euros que cuesta una caja de chicles de nicotina hasta 115 euros que puede llegr a costar un determinado fármaco para ’desengancharse’ (como digo, no siempre con éxito). Evidentemente nada de todo esto lo cubre la Seguridad Social porque ’supondría un elevado coste para el Estado’. Si, así han justificado la razón de que no sea cubierto el tratamiento de esta adicción. Resulta al menos curioso teniendo en cuenta dos paradojas muy peculiares a la hora de hablar de este peliagudo tema: Es seguro que este tema dará bastante que hablar. Desde el cumplimiento o no de la normativa; que recordemos entra en vigor el 1 de Enero de 2006 (ojo, no el 2 o el 3, sino el día 1, así que a fumar lo que sea hasta las uvas que luego va a ser mucho más difícil), hasta el hecho de que se siga comercializando un adictivo y no se haga lo mismo con otros como el cannabis; que desde el punto de vista sanitario se utiliza y se aplica desde hace años en varios países europeos, y últimamente en algunas provincias de nuestro país; cuya toxicidad es menor que la del propio tabaco, o que se haya reducido el precio del citado tabaco y hayan parecido marcas blancas para que los jóvenes (nuevos adictos) sigan engordando las arcas del Estado sin posibilidad de reclamación posible por el daño sanitario ocasionado por esta actitud. Si fuera una persona desconfiada podría llegar a pensar que el Estado se ha aprovechado; y sigue haciéndolo; de los ingresos generados por éste adictivo ’prefabricado’ y que ahora quiere lavarse las manos de asumir el coste de sus consecuencias (en este caso coste sanitario), pero eso no debería ocurrir en un Estado del Bienestar como en el que vivimos (¿o sí?). |